WEBINARIO 9 DE JULIO | Patrimonio, paisaje y agroecología: dos experiencias para proteger y activar los territorios agrarios

El pasado 9 de julio arrancó la primera sesión del ciclo de webinarios del Grupo de Trabajo de Urbanismo y Alimentación de la RMAe. La idea del ciclo es compartir a lo largo del año el conocimiento que las personas del grupo generan desde sus propios municipios. Esta primera sesión partía de una pregunta: ¿contribuyen las declaraciones patrimoniales, como los Bienes de Interés Cultural, a una conservación activa del territorio?

Biel Horrach, arquitecto municipal de Calvià e investigador del Laboratorio Interdisciplinar sobre Cambio Climático de la UIB, presentó el caso de la Serra de Tramuntana, 18 municipios y casi 20.000 hectáreas de bancales de piedra en seco. La candidatura a la UNESCO se presentó dos veces: la primera se centró en la piedra en seco, pero lo singular resultó ser el agua, cómo hacer fértil un territorio que no la tiene. Quince años después, la declaración ha permitido grandes consensos, pero también un fuerte efecto llamada: abandono de explotaciones, grandes fortunas que controlan hasta el 80% de algunos municipios con una agroecología elitista y privatización de caminos. Frente a ello, la administración adquiere suelo público con el impuesto de turismo sostenible.

Biel expuso tres modelos de gestión: la custodia del barranc de Biniaraix, donde pequeños propietarios proponen un «agrofitness» (en lugar de ir al gimnasio, subir el fin de semana a podar, recoger aceituna y llevarte tu aceite); la finca de La Trapa, recuperada por el GOB gracias a su base de socios; y la finca pública de Galatzó, de 1.400 hectáreas, gestionada por varias entidades que se ocupan de la producción agroecológica, la ganadería, el control de cabras y la biodiversidad. El siguiente paso es abrir allí un campo de trabajo para pasar de una administración paternalista a la corresponsabilidad ciudadana.

Fermín García Morales, arquitecto municipal de Santa Cruz de Tenerife, habló del Valle de La Orotava, donde el 70% de las medianías sigue dedicado a la viña y pervive el cordón trenzado, una técnica única en el mundo en la que los sarmientos se trenzan formando cordones de hasta quince metros. En 2018, el Ayuntamiento impulsó una candidatura a Patrimonio Mundial que, a su juicio, fue un error de estrategia: mezclaba jardín botánico, casco histórico y distintos paisajes agrícolas en un conjunto difícil de entender. Se descartó, pero dio pie a declarar BIC la técnica en mayo de 2026, lo que ha revitalizado el sector y reconocido a quienes la mantienen. Queda trasladarlo a las Directrices de Ordenación del Suelo Agrario y al planeamiento municipal. Cerró con una frase de Bruno Latour: el nuevo reto ya no es avanzar hacia el infinito, sino aprender a retroceder.

En el debate se planteó la preocupación de fondo: ante la gentrificación, la sustitución de la población local y una agricultura casi residual, ¿no se corre el riesgo de una «gestión museo», con voluntarios manteniendo un mundo que ya no existe? Fermín reconoció que la presión urbanística seguirá y que el BIC debe acompañarse de medidas de apoyo y reflejarse en el planeamiento; aclaró además que la declaración no obliga a nada, sino que nace de una comunidad orgullosa de su método. Biel explicó que en Galatzó estudian crear una almazara para dar salida a los excedentes de pequeños productores y defendió que, más que rentabilidad económica, hablamos de una rentabilidad social y de reculturalización.

¡Os dejamos con el vídeo!

Actualidad relacionada